9 de mayo de 2015
5 de mayo de 2015
21 de abril de 2015
Tres microrrelatos de Eliéser Ojeda
EL MUERTO SIN ZAPATOS
La noche fría me despertó con presagio
sobrecogedor. La habitación estaba en penumbra, la energía había fallado.
A tientas, entre la cama y la pared, palpo con
pies y manos arrastrando mis pesadas extremidades.
En mi ambulante sopor
intuyo la presencia vaga de un espectro. Su rostro, aunque vacías las cuencas
de sus ojos, putrefactos músculos y carnes me miraban con fijeza inefable. Yo,
aterido, castañeteaba mis dientes. Acaso desviaba mis ojos de aquellas
depresiones oculares. «Solo vengo por mis zapatos».
Eliéser Wilian Ojeda Montiel
La Azulita, 29 de marzo de 2015
DESDE
EL TÚNEL
En las baldosas irregulares de la amplia acera
yacía el hombre, sin respiro; desnuda la vida.
El hombre del mantón oscuro caminaba impertérrito, a pocos pasos, sin apuros.
Yo, observaba desde una ventana, o, ¿desde un túnel?, su impávido andar.
Eliéser Wilian Ojeda Montiel
La Azulita, 29 de marzo de 2015
PASOS
INCIERTOS
Ruge el cielo en la
penumbra de la noche. Bajo los árboles el caminante peregrino apresura la
marcha acompasada.
Un bajel fantasmal
surca las aguas ambiguas bajo el empuje de las enhiestas olas.
Un cuervo de los tiempos de Poe, de noches semejantes, armoniza con su “odioso” trino la fatalidad del peatón. El ulular de un ave de recortado vuelo convalida, a lo lejos, el infortunio adivinatorio del graznido.
Eliéser Wilian Ojeda Montiel
La Azulita, 29 de marzo de 2015
22 de noviembre de 2014
LA SOLEDAD DEL ESCRITOR
RICARDO GIL OTAIZA
El Universal
Domingo 16 de noviembre de 2014
Como pocas artes, la escritura exige que el esteta goce de ciertas condiciones personales y familiares para desarrollar su tarea. Podríamos decir que dentro de su "disciplina" tendrá que haber elementos propios de la vida de oración: silencio, paz interior, riqueza del espíritu, y un entorno en completa y perfecta armonía. Si se perturban algunas de estas variables será difícil para muchos autores (y en algunos casos, imposible), escribir un texto que valga la pena. La escritura no es un proceso mecánico, que brota sin más por mera decisión racional; para que ella se dé y fluya como aspiramos se requiere de entrada un "algo" que he denominado "ansia interior", que denota comunicar, transmitir, entregar lo que se lleva dentro. Es un deseo de mostrar -y de mostramos- que podría ser equivalente al desnudo en las artes escénicas, y que en el poeta se patentiza a la perfección en versos que entregan al lector las interioridades del alma.
El escritor es un ser solitario, y no precisamente porque se halle solo en medio del mundo, sino que a pesar de estar acompañado por multitudes él reclama una conexión directa con su Ser para que así emerja "esa ansia" que lleva dentro. En este caso preciso la soledad no será jamás sinónimo de ingrimitud; todo lo contrario: estará poblada, habitada, impregnada y azuzada de referentes, de fantasmagorías, de vivencias y de voces interiores (y de afuera) con las cuales deberá comunicarse. Y ya ni importa si esa conexión se logra en medio de una solitaria biblioteca, o con la bulla de una fiesta, o disfrutando entre amigos en una tasca, o con niños gritando a todo pulmón en sus juegos y deliciosas trifulcas, porque una vez establecida se abren los canales y todo fluye hasta un nivel rayano en prodigio.
Arturo Uslar Pietri requería encerrarse unas cuantas horas para sentarse a escribir y durante todo ese tiempo nadie podía interrumpirlo; ni siquiera su esposa, quien advertida por tantos años de plácida convivencia, sabía ponerse de lado para dejar al escritor macerado en su propia reflexión intelectual. En contraposición a esto, lo mejor de la obra de mi querida amiga Mireya Krispin, la gran poeta venezolana, fue escrito en tascas. Y no estoy hablando de una obra cualquiera, sino de portentosos textos que nos cuentan del amor y la amistad; pero también de lo metafísico e intangible. En lo personal siendo muy joven requería encerrarme sin ruido alguno para sentarme a escribir, de lo contrario era muy poco lo que sacaba como saldo de una larga jornada de trabajo. Con el tiempo, y en la medida en que fueron llegando mis hijas al mundo, con toda la algarabía que esto implicaba, aprendí a abstraerme y así establecer conexión con mi "yo interior" y que pudiera emerger sin fórceps todo lo que tenía por decir a mis lectores.
La soledad no es algo inmanente al escritor (o al acto de escribir); mas sin embargo, se requiere que a lo largo del proceso se establezcan vasos comunicantes entre el consciente y el subconsciente; entre su momento histórico y el mundo interior. Solo así emergerá el milagro de la escritura traducido en texto y en obra. En vida; ni más ni menos.
@GilOtaiza / rigilo99@hotmail.com
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